divendres, 15 de juny de 2018

Poema del mes

Los siete enanitos en paro


En los ochenta la mina
del bosque encantado cerraron
y hasta los siete enanitos
se quedaron en el paro.

Desde entonces todos ellos
se tuvieron que enfrentar
al espejito, espejito
de la dura realidad.

Y estaban todos tan tristes
(imagínalo si puedes)
que no podía alegrarlos
ni siquiera Blancanieves.

Porque quién iba a decirles
que de aquel hermoso valle
un buen día les pondrían
de patitas en la calle.

Y como ninguno de ellos
estaba hecho un alevín
nadie les daba trabajo
ni de gnomo de jardín.

Ahora, desmotivados,
ya no hacen nada bien,
y no se ponen en fila
ni en la cola del INEM.

El enanito gordito
veréis que el destino es cruel—
bebía como una cuba
estando ya como un tonel.

Y como era de esperar
en un cuento realista,
el enanito mudito
nunca pasó una entrevista.

Cansado de no hallar nada,
el enanito dormilón
se echaba el día durmiendo
frente a la televisión.

El enanito tontín
a una anciana disfrazada
un día le fue a robar
la manzana envenenada.

Los meses iban pasando
y era tanta la tensión
que el enanito feliz
cayó en una depresión.

Y el enanito gruñón,
que ya era sindicalista,
un día acabó metiéndose
en un grupo terrorista.

Entonces los enanitos,
hartos de lunes al sol,
fueron a buscar trabajo
en un tablero de rol.

Y ahora trabajan los siete
de duendes meridionales,
pero les pagan muy poco
porque allí son ilegales.

Moraleja
No hace falta ser muy listo
para entender al momento
que la vida de un parado
no es una vida de cuento.
Poema de (Dino Lanti)